El 61% de las peluquerías de Barcelona no tiene web propia. Las contamos una a una.

En julio analizamos 309 peluquerías y barberías de Barcelona, una por una, barrio por barrio. Queríamos saber una cosa muy concreta: cuántas tienen realmente una web propia.
La respuesta: el 39%. Seis de cada diez salones de esta ciudad no tienen una web que sea suya.
No es una estimación ni una encuesta. Es un recuento. Y lo que encontramos por el camino nos obligó a cambiar la forma en que hablamos de este problema.
Cómo lo medimos
Lanzamos 36 consultas a nivel de barrio —no de ciudad— y recogimos los negocios que aparecían: Gràcia, Sant Antoni, El Clot, Sants, Poblenou, l'Eixample y el resto. De cada uno miramos qué había detrás del nombre: ficha de Google, enlace web, a dónde llevaba ese enlace y qué había al otro lado.
Contamos como web propia un sitio en un dominio del negocio, con varias páginas, que el dueño controla. No cuenta un perfil de Instagram. No cuenta una página de reservas alojada en la plataforma de otro. No cuenta una ficha de directorio.
Es una distinción que suena quísquillosa y no lo es en absoluto, como se verá enseguida.
Dos advertencias honestas: la muestra es de Barcelona ciudad, así que no la extrapoles a toda España; y es una foto de finales de julio de 2026, no una verdad permanente. Dicho eso, 309 negocios reales dicen bastante más que cualquier intuición.
Los cuatro grupos
Esto es lo que salió:
Sumando los tres primeros: 61% sin web propia real.
El dato encaja con lo que se ve a escala nacional. Según datos de la Encuesta TIC del INE recogidos por el ONTSI, alrededor del 68% de las empresas españolas de menos de 10 empleados no tiene web corporativa. Las peluquerías de Barcelona están algo mejor que la media de microempresa española, pero no mucho.
Lo interesante no es el total. Son los dos grupos intermedios.
El 15% que cree que Instagram es su web
Un perfil de Instagram cuidado da una sensación de presencia muy convincente. Tiene fotos, tiene actividad recientes, tiene gente escribiendo. Se parece a estar en internet.
Pero cuando alguien busca «peluquería en Sant Antoni» en Google, ese perfil pinta poco. Google no lo entiende como un negocio con servicios, horarios y ubicación; lo entiende como un perfil social. Y la persona que busca a las diez de la noche un sábado no quiere ver tu feed: quiere saber si abres el lunes, cuánto cuesta un color y cómo pedir hora.
A eso se suma algo que casi nadie tiene en cuenta: ese perfil no es tuyo. Las reglas las pone otro, el alcance lo decide otro, y si mañana la cuenta se bloquea por un error automático —pasa más de lo que parece— desaparece contigo dentro.
El 12% que paga por existir en la casa de otro
Este fue el grupo que más nos sorprendió, y el más revelador.
Son salones que ya pagan software. Tienen agenda online, recordatorios, ficha con fotos y precios. Están digitalizados de verdad. Lo que no tienen es nada propio: toda esa presencia vive dentro de Booksy o Treatwell.
Y ese alquiler no es barato. Treatwell cobra un 25% por cada cliente nuevo captado a través de su marketplace; Booksy Boost se queda un 30% de la primera visita del cliente nuevo, además de la cuota mensual. Son plataformas útiles —no vamos a fingir lo contrario— pero el modelo está claro: te traen clientes a cambio de un porcentaje, y esos clientes quedan registrados en su plataforma, no en tu casa.
Si eres de este grupo, ya has demostrado que estás dispuesto a pagar por tecnología que funciona. Simplemente todavía no tienes nada a tu nombre.
Y ahora el hallazgo incómodo: las que sí tienen web no la tienen mal
Esperábamos encontrar un desastre. No lo encontramos.
Puntuamos la visibilidad de cada sitio sobre 100. Las webs del grupo que gana en el mapa de Google sacaron una mediana de 64. Las de la larga cola —los salones que no salen arriba— sacaron 71. Sí, has leído bien: los que no aparecen tenían la web algo mejor que los que aparecen.
Eso rompe el discurso habitual del sector. «Tu web está anticuada, hay que rehacerla» es lo que vende una agencia, y según estos números a menudo es falso.
Lo que sí encontramos en ese 39% son huecos muy concretos y muy repetidos: el 63% no tiene datos estructurados de negocio (la ficha técnica que Google y los asistentes leen para entender quién eres), el 58% no muestra horarios visibles, y el 54% es en la práctica una sola página.
No son webs malas. Son webs que se hicieron una vez y nadie ha vuelto a tocar.
Por qué esto importa más este año que el anterior
Durante mucho tiempo, no tener web se compensaba con una buena ficha de Google y el boca a boca del barrio. Funcionaba razonablemente.
Lo que ha cambiado es quién responde. Cada vez más gente no busca una lista de diez enlaces: le pregunta a un asistente y recibe dos o tres nombres. Y un asistente necesita algo que citar. Si no tienes un sitio propio, no eres una fuente — como mucho eres una mención dentro de la página de otro, y esa página suele ser la de una plataforma que también lista a tus competidores.
El 61% de los salones de esta ciudad está en esa situación ahora mismo. La mayoría no lo sabe, porque nadie le ha enseñado nunca lo que un cliente nuevo ve cuando le busca.
Lo que una web no arregla
Seamos claros, porque en este sector se promete demasiado.
Una web no te va a llenar la agenda por sí sola. No sustituye a un buen corte ni al trato. No hace que la gente de Gràcia cruce la ciudad para verte. Y no da resultados la semana que se publica: la visibilidad se construye durante meses, y quien te diga lo contrario te está vendiendo humo.
Lo que hace es más modesto y más importante: que cuando alguien ya te está buscando —porque le han hablado de ti, porque ha pasado por delante, porque busca algo que tú haces— te encuentre, entienda qué ofreces y sepa cómo llegar a ti. Y que eso siga siendo verdad dentro de un año.
Preguntas frecuentes
Tengo la ficha de Google bien puesta. ¿No es suficiente?
Es la base y es imprescindible, pero es un perfil dentro de un producto de Google, no un sitio tuyo. Se queda corta para explicar servicios, precios o a quién te diriges, y no es lo que los buscadores ni los asistentes usan como fuente cuando tienen que justificar una recomendación.
Uso Booksy o Treatwell y me funciona. ¿Para qué quiero una web?
Sigue usándolas si te traen clientes. La cuestión es de propiedad: cada cliente nuevo que llega por ahí te cuesta una comisión y queda registrado en su sistema. Tener algo propio no te obliga a dejar la plataforma — te da un canal donde la comisión es cero.
Mi web la hice hace años y no la toco. ¿Es mejor que nada?
Casi siempre sí, y probablemente está mejor de lo que crees: los datos dicen que las webs existentes puntúan bien. El problema no suele ser el diseño, sino lo que falta —horarios, información estructurada, más de una página— y que nadie la revisa.
¿Por qué medís por barrios y no por ciudad?
Porque nadie busca «peluquería en Barcelona». Busca en su barrio, o directamente «cerca de mí». Medir a nivel de ciudad da un número bonito y falso; a nivel de barrio da el número que afecta a tu agenda.
Si trabajas en un salón y no sabes en cuál de los cuatro grupos estás, se puede comprobar en un minuto.
En wiweb hacemos un chequeo gratis: solo con el nombre de tu negocio y tu ciudad miramos qué aparece cuando alguien te busca, qué ve, y quién de tu barrio está saliendo por delante de ti. Sin compromiso y sin llamada de ventas.